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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Yolanda Bedregal

"Elegía del retorno"

He vuelto a la casa vacía donde el polvo teje su manto de olvido. En cada rincón busco tu risa perdida, en cada objeto tu gesto dormido. Las paredes guardan ecos de pasos que ya no resonarán en la escalera. El reloj marca horas sin dueño en la sala desierta y severa. Tu silla me mira con ojos de ausencia, tu libro entreabierto en la mesa guarda la página donde interrumpiste la lectura de tu última premisa. He recorrido el jardín mustio buscando entre rosas secas tu aliento. Sólo encuentro el viento que canta la misma canción de tu alejamiento. Y comprendo al fin que no has muerto: te has vuelto silencio, te has hecho memoria. Eres este dolor que me habita y esta luz que filtra por la persiana como un último verso de tu historia.

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Eugenio Montejo

"Elegía del tiempo"

El tiempo pasa como un río que no se detiene a mirar atrás. Lleva en sus aguas hojas secas, recuerdos, nombres olvidados. Nosotros somos apenas ondas en su superficie, sombras que se dibujan y se desvanecen. ¿Qué queda de lo que fuimos? ¿Qué guarda la memoria en sus cajones polvorientos? El tiempo no responde. Sigue su curso indiferente, mientras nosotros intentamos atrapar un instante entre las manos como quien caza mariposas en un jardín al atardecer.

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Luis Antonio de Villena

"Elegía en un jardín abandonado"

El jardín duerme bajo la luna llena. Las estatuas desnudas, cubiertas de musgo, guardan secretos de amores antiguos. La fuente seca canta una elegía. Por los senderos crece la maleza, tapizando de verde el mármol roto. El tiempo, ese escultor silencioso, ha borrado los rostros, suavizado los gestos. Aquí, entre ruinas y flores mustias, recuerdo tus caricias, tus palabras, aquel verano eterno que creímos que nunca acabaría. Pero todo acaba. El jardín duerme, y yo con él. Soñamos con dioses que se fueron, con ninfas que huyeron al bosque, con faunos que olvidaron su risa. Mañana el sol iluminará esta decadencia hermosa, esta ruina que es espejo de todo lo que fuimos y de todo lo que, inevitablemente, seremos.

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Reinaldo Arenas

"Elegía para los que se quedaron"

No los olvido en la isla que se hunde, en el silencio que se hace muro y espina. Sus nombres son semillas bajo el asfalto, sus voces, pájaros con las alas rotas. Yo bebo el café amargo de la distancia, mientras ellos cuentan los días en sus manos vacías. Aquí, la noche es larga y fría, pero allá, el sol quema sin dar luz. Les escribo con tinta hecha de mar y memoria, por si algún día esta carta logra ser barca.

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Blas de Otero

"En el principio"

En el principio era el verbo, desgarrado y sangriento. El verbo era con Dios, y el verbo era Dios. Él era en el principio con Dios. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. No era él la luz, sino testigo de la luz. Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

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Amado Nervo

"En Paz"

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tú sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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Manuel Acuña

"Entonces y hoy"

Entonces era niño, y en mi alma no cabía más que ilusión y fe; era mi corazón un manantial que amor y esperanza bebía. Hoy, que la vida con su amarga escuela me ha enseñado a sufrir y a desconfiar, mi corazón es un desierto yermo que ni una flor de amor puede brotar. Entonces creía en la amistad, en la virtud, en la lealtad, en el honor; y hoy, que conozco a los mortales, sólo creo en el dolor. Entonces soñaba con la gloria, con el amor, con la inmortalidad; hoy sólo aspiro a que la muerte venga a poner fin a mi ansiedad.

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Ernesto Cardenal

"Epigramas III"

Los que luchan por la vida y los que luchan por la muerte son enemigos mortales. Pero los que luchan por la vida luchan por la muerte de la muerte y los que luchan por la muerte luchan por la muerte de la vida. Y la vida y la muerte son enemigas mortales. Pero la vida es más fuerte que la muerte y la muerte es más débil que la vida. Y al fin la vida vencerá a la muerte porque la vida es eterna y la muerte es temporal. Y entonces no habrá muerte sino sólo vida. Y todos seremos inmortales. Pero ahora todavía hay muerte y hay que luchar contra ella.

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