POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Julia de Burgos

"A Julia de Burgos"

Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga porque dicen que en verso doy al mundo tu yo. Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos. La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más profundo abismo se tiende entre las dos. Tú eres fría muñeca de mentira social, y yo, viril destello de la humana verdad. Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no; que en todos mis poemas desnudo el corazón. Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo. Tú eres sólo la grave señora señorona; y yo, la vida, la fuerza, la mujer. Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no; Yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos, en mi limpio sentir y en mi pensar me doy. Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol. Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes de justicia de Dios. Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo. Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo. Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo. Tú, clavada al estático dividendo ancestral, y yo, un uno en la cifra del divisor social, somos el duelo a muerte que se acerca fatal. Cuando las multitudes corran alborotadas dejando atrás cenizas de injusticias quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes, tras los siete pecados, corran las multitudes, contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano, ya iré en medio de ellas con la tea en la mano.

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Leopoldo Panero

"A mi hermano Juan"

Hermano, tú que estás en la alta cumbre del sueño, donde el tiempo no es ya tiempo, hermano, tú que vives en la lumbre eterna de los muertos, yo te pienso. Te pienso y te recuerdo cada día, como se recuerda la luz que ha sido, como se recuerda la melodía que en el silencio último se ha hundido. Hermano, tú que eres ya pura esencia, libre del peso de la carne fría, hermano, tú que tienes la presencia que no se acaba, que por siempre es día. Yo aquí, en la orilla de la vida, espero la hora en que tu paz sea mi paz, hermano, y en el sueño verdadero nuestras dos almas se confundan más.

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Salomé Ureña

"A mi madre"

Madre, si un día la suerte me lleva de tu lado querido a apartarme, si la vida con su ruda prueba viene un tiempo a tu amor separarme; si la ausencia, la muerte o el olvido nuestros lazos llegaran a romper, si en el mundo, de ti desprendido, tuviera sin tu amor que vivir; si en los días de angustia y amargura, cuando el pecho de penas se llena, no escuchara tu voz dulce y pura que consuela, alivia y serena; si en las horas de gozo y ventura, cuando el alma de placer se inflama, no tuviera tu imagen tan pura que bendice, enaltece y aclama; ¡ay!, entonces, madre de mi alma, mi existencia sería un tormento, sería el cielo sin luz y sin calma, sería el mundo sin sol y sin viento. Porque tú eres mi bien, mi esperanza, mi consuelo en el dolor profundo, la virtud que mi pecho alcanza, la pureza que adoro en el mundo. Madre, mientras yo viva en la tierra, mientras aliente mi pecho un suspiro, mientras el alma en mi cuerpo se encierra, será tuyo mi amor, mi delirio.

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Luis Muñoz

"A mi tierra"

Puerto Rico, isla querida, pedazo de mi alma desgarrada. Tierra de bohíos y palmeras, de ríos claros y montañas altas. En tu suelo nací, en tu aire respiré, tus colores pintaron mi infancia. Tus campesinos, nobles y sencillos, me enseñaron el valor del trabajo. Isla mía, siempre te llevo dentro, aunque el destino me lleve lejos. Eres la música que suena en mi pecho, el paisaje que vivo en mis sueños. Cuando pienso en ti, siento un nudo en la garganta, una mezcla de orgullo y de dolor. Porque eres bella como ninguna, pero llevas heridas que no cierran. Puerto Rico, seguiré cantándote, con versos simples pero sinceros. Porque aunque cambien los tiempos y los hombres, tú eres eterna en el corazón de tus hijos.

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José María Arguedas

"A nuestro padre creador Túpac Amaru"

Padre, ¡ya vuelve el tiempo de la cólera! Los ríos braman en la noche, el viento sacude las puertas y en las altas cumbres de la sierra los cóndores se juntan. Padre, tus hijos han mordido el polvo, han sido arrastrados por los caminos, han sido vendidos en las plazas, han llorado en las minas oscuras. Pero ahora, ¡padre!, despiertan. Sus ojos se abren como flores de kantuta, sus voces crecen como el trueno, sus manos se alzan como montañas. Padre, ¡ya vuelve el tiempo de la cólera! Los ríos braman en la noche, el viento anuncia tu venida y en las altas cumbres de la sierra los cóndores te esperan.

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Rubén Darío

"A Roosevelt"

Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. (Eres un profesor de Energía, como dicen los locos de hoy.) Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; que en donde pones la bala el porvenir pones. No. Los Estados Unidos son potentes y grandes. Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor que pasa por las vértebras enormes de los Andes. Si clamas, se oye como el rugido del león. Ya Hugo a Grant lo dijo: «Las estrellas son vuestras». (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos. Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón; y alumbrando el camino de la fácil conquista, la Libertad levanta su antorcha en Nueva York. Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del grande Moctezuma, del Inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Guatemoc: «Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol. Tened cuidado. ¡Vive la América española! Hay mil cachorros sueltos del León Español. Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para poder tenernos en vuestras férreas garras. Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

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Luis Cernuda

"A un poeta futuro"

Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo como una nube en la luz; si como muros que se derrumban, pudiera alzar su voz, frente al amor, con la que canta y con la que llora, arrasándolo todo en su ritmo. Si frente al mar, pudiera el hombre desnudarse de su nombre, de su historia, de su sueño, para ser sólo un hombre frente al mar, con la soledad que le han dejado los siglos y el espacio. Si el hombre, frente al mar, pudiera amar, no a una, sino a todas, crear, no un canto, sino el silencio, no una flor, sino el suelo. Si el hombre pudiera ser por fin, después de tantas historias, desventuras y nombres, un hombre frente al mar. Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo como una nube en la luz...

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Franz Tamayo

"A una estrella"

Estrella que en la noche solitaria brillas, como un diamante puro en terciopelo negro, mensajera de mundos que ignoran nuestro siglo, farol de los que buscan rutas en la sombra. Tu luz, gota de fuego en el océano etéreo, me habla de infinitud, de espacio y de silencio, de Dios que en su misterio te engarzó en su diadema, de tiempo que no acaba, de vida que no muere. ¡Oh astro solitario! En tu fulgor lejano veo el ojo inmortal que todo lo contempla, la chispa creadora que anima los abismos, el verso luminoso que escribe el Cosmos entero.

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Carmen Conde

"A una muchacha"

Muchacha, tú que vas por el sendero con la mirada fija en el vacío, ¿qué buscas en la sombra del otoño que no hallaste en la luz del estío? ¿Es que tu alma, cansada de esperar, ha perdido la fe en la primavera? ¿O es que tu corazón, ya sin amor, no cree en la dicha que la vida espera? Muchacha, mira al cielo azul y puro, oye el canto del agua en la fontana, siente el soplo del viento en tu semblante, y en la tierra fecunda y soberana. No desesperes, que la vida es bella, y en cada aurora hay una nueva esperanza; no cierres los ojos a la luz del día, que tras la noche siempre hay una alianza. Sigue tu camino con valor y fe, que en el sendero encontrarás la rosa que perfuma el jardín de la ilusión, y en tu pecho latirá dichosa.

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