"En el principio"
En el principio era el verbo, desgarrado y sangriento. El verbo era con Dios, y el verbo era Dios. Él era en el principio con Dios. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. No era él la luz, sino testigo de la luz. Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.