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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Washington Benavides

"Milonga del moro judío"

Yo soy un moro judío que vive con los cristianos, no sé qué Dios es el mío ni cuáles son mis hermanos. No hay muerto que no me duela, no hay un bando ganador, no hay nada más que la vida y la vida es un dolor. No sé de dónde viene el agua que bebo y que me da vida, pero sé que viene de un río que viene de otra herida. Yo soy un moro judío que vive con los cristianos, no sé qué Dios es el mío pero sí sé cuáles son mis manos.

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Enrique Lihn

"Monólogo del padre"

Hijo, te hablo desde el otro lado de la vida. Te hablo desde la muerte, que es un país sin fronteras. Te hablo desde el silencio, que es la única palabra. Te hablo desde la nada, que es el único lugar. Hijo, no me busques en los sueños ni en los libros. No me busques en la memoria, que es un espejo roto. No me busques en la tierra, que es un lecho de huesos. No me busques en el cielo, que es una bóveda vacía. Hijo, yo soy el que fui y el que no pude ser. Yo soy el que te dio la vida y el que te la quitó. Yo soy el que te enseñó a hablar y el que te condenó al silencio. Yo soy el que te amó y el que te odió, sin saber por qué. Hijo, ahora que estás solo, ahora que estás vivo, recuerda que la muerte no es el fin, sino el principio. Recuerda que el silencio no es la paz, sino la guerra. Recuerda que la nada no es la ausencia, sino la presencia. Hijo, adiós, que es la única palabra que me queda. Adiós, que es la única verdad que conozco. Adiós, que es la única mentira que creo. Adiós, que es la única vida que tengo.

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José Lezama Lima

"Muerte de Narciso"

En el agua incesante, el joven se miraba, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. El agua multiplica su lento desvarío, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. En el agua incesante, el joven se miraba, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. El agua multiplica su lento desvarío, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba.

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Ángel González

"Muerte en el olvido"

Todo se olvida. Hasta la muerte misma se olvida de nosotros. Y nosotros olvidamos la muerte, que es la única cosa que no se olvida. Todo se olvida. Hasta el amor se olvida. Y el odio, y la tristeza, y la alegría. Todo se olvida. Hasta la vida misma se olvida de vivir. Todo se olvida. Sólo queda el olvido, el gran olvido, el olvido infinito, el olvido que todo lo devora y a todo da su paz. Todo se olvida. Hasta este verso mismo se olvidará. Y tú, que ahora lo lees, te olvidarás de él. Y yo, que lo escribo, me olvidaré también.

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María Victoria Atencia

"Música de agua"

El agua tiene una música secreta que sólo escuchan los que saben esperar. Una música lenta, de gota en gota, que va tallando la piedra del silencio. El agua canta con voz de cristal, con un rumor de hojas en el estanque. Lleva en su curso la memoria del mundo, el eco de los siglos en su fluir. Quien escucha esta música se hace agua, se desliza suave hacia el mar del sueño, donde todas las aguas son una sola y el tiempo se disuelve en su canción.

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Olga Orozco

"Música de cámara"

Esta música que escucho en la penumbra no es para mí. Es para alguien que viene de lejos, que llega con la noche y se sienta a mi lado sin decir palabra. Es para alguien que tiene mis manos, mis ojos, mi voz, y que, sin embargo, no soy yo. Es para alguien que está en mí como el agua en la fuente, como el fuego en la piedra, como el silencio en la música. Y cuando esa música cesa, cuando se apaga el último sonido, ese alguien se levanta y se va, y yo me quedo sola, con mis manos vacías, con mis ojos ciegos, con mi voz muda.

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Adela Zamudio

"Nacer Hombre"

¡Oh, mortal! que en la tierra naciste varón, no sabes la suerte de tu privilegio. Si vieras la vida del otro hemisferio, ¡cuánto más dichoso te creerías, necio! La mujer que nace con alma de artista, con genio y talento, con fuego en las venas, ha de resignarse a ser... lo que sea: costurera, modista, o tal vez... poetisa. Y si tiene un hijo, ¡qué gloria! ¡qué honra! Mas si es hija... ¡ay, triste! ¡qué pena! ¡qué afrenta! Y así va la vida, con su ley severa, que al hombre lo alza y a la mujer... hunde.

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