POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Eugenio Montejo

"El árbol"

El árbol que contemplo desde mi ventana es el mismo que vi en mi infancia. Sus ramas se extienden hacia el cielo como brazos que buscan algo perdido. En sus hojas verdes se esconde el tiempo, el tiempo que pasa sin hacer ruido. El árbol no sabe que es un árbol, simplemente crece y se deja vivir. Yo, en cambio, pienso en mis raíces, en la tierra que me sostiene y me olvida. El árbol y yo somos compañeros de silencio, dos extranjeros en este mundo de prisa.

13 lecturas Ver poema →

Piedad Bonnett

"El arte de la pérdida"

Perder algo cada día. Aceptar la extravío de la llave, la hora, el nombre de una calle. La pérdida no es catástrofe. Perder más, perder más rápido: lugares, nombres, lo que pensabas que era un viaje hacia algún sitio. Y perder incluso eso: la idea de viaje. Y ver que se te va de las manos, igual que un pañuelo al viento, la persona amada. Practicar perder. No es difícil. Tan solo es cuestión de intención. Aunque parezca (mira, di) desastre. He perdido dos ciudades, hermosas, grandes. Y un par de reinos, ríos, un continente. Y te pierdo a ti, gesto familiar, risa que amo. Y no es catástrofe. (Aunque lo escriba y lo escriba y lo escriba.) He dominado el arte de la pérdida. Pero esta pérdida (esta, la de tu voz, el gesto, el amor) parece desastre.

14 lecturas Ver poema →

Gloria Fuertes

"El camello"

El camello es un animal que lleva la selva a cuestas, que bebe agua con los ojos cuando cruza los desiertos. El camello es un navío que navega por la arena, que lleva en sus dos jorobas dos montañas pequeñitas. El camello es un poema que camina despacito, que guarda en sus alforjas agua, sueños y suspiros. El camello es un amigo que nunca te falla, que te lleva y te trae sin pedirte nada. El camello es una nube que por el desierto vuela, que cuando llega la noche se convierte en una estrella.

12 lecturas Ver poema →

Gerardo Diego

"El ciprés de Silos"

Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño; flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma sin dueño. Cuando te vi, señero, dulce, firme, quise hacer en tus tapias mi agosto, y esperar de tus llaves el reposo. Y en ti, oscuro ciprés, fuerte y esbelto, cantar del agua cuando el viento sopla, comprendí por tus ramas y tu copla que el dolor es la clave de la vida.

13 lecturas Ver poema →

Miguel de Unamuno

"El Cristo de Velázquez"

Cristo yacente, Cristo muerto, blanco mármol de la muerte, blanca nieve de la vida, blanca luz de la tiniebla. Cristo yacente, Cristo muerto, blanco mármol de la muerte, blanca nieve de la vida, blanca luz de la tiniebla. Cristo yacente, Cristo muerto, blanco mármol de la muerte, blanca nieve de la vida, blanca luz de la tiniebla. Cristo yacente, Cristo muerto, blanco mármol de la muerte, blanca nieve de la vida, blanca luz de la tiniebla.

13 lecturas Ver poema →

Eduardo Galeano

"El derecho de soñar"

En el diccionario de la Academia, al final de la página, después de derecho y revés, viene derecho de soñar. Y dice así: Derecho de soñar: El derecho a soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed. Soñar despierto, soñar a ojos abiertos, soñar de pie, soñar a gritos, soñar con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes, soñar sin permiso, soñar a pesar de todo, a pesar de todos. Soñar porque sí, porque no, porque quiero, porque puedo, porque me da la gana. Soñar porque el mundo es redondo y el sueño también. Soñar porque el sueño es el único territorio libre.

13 lecturas Ver poema →

Juana de Ibarbourou

"El dulce milagro"

Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que tu beso me ha hecho temblar como se estremece la rama cuando pasa el viento. Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que en tus ojos he visto el cielo y el infierno. Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que tu cuerpo es como una espiga de oro que se dobla bajo el viento. Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que tu risa me ha hecho llorar de alegría. Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que tu nombre me suena a música y a perfume. Yo no sé si eres ángel o mujer. Pero sé que te quiero como se quiere a Dios: sin saber por qué.

12 lecturas Ver poema →
Enlace copiado al portapapeles