POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Luis Muñoz

"Canción de las Antillas"

Islas verdes sobre el mar azul, como esmeraldas en un cielo líquido. Tierra de sol y de pasión, de ritmo lento y sueño antiguo. En tus playas blancas se mece el cocotero, en tus montañas duerme la bruma gris. Antillas mías, pedazos de paraíso, que el mar Caribe besa con dulzura sin fin. En vuestros pueblos hay guitarras que lloran, y en vuestros ojos, misterio tropical. Sois el refugio de la raza que sueña, el último rincón del edén terrenal.

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Miguel Hernández

"Canción del esposo soldado"

Tu vientre es una lucha de racimos, mi sangre es una lucha de navíos. Tu vientre es un racimo de batallas, con mi sangre se agolpan los martillos. Tu vientre es una lucha de espigas, mi sangre es una lucha de claveles. Tu vientre es un racimo de agonías, mi sangre es un racimo de laureles. Tu vientre es un racimo de heridas, mi sangre es una lucha de cuchillos. Tu vientre es un racimo de partidas, mi sangre es una lucha de destinos. Tu vientre es un racimo de semillas, mi sangre es una lucha de caminos. Tu vientre es un racimo de promesas, mi sangre es una lucha de festines. Tu vientre es un racimo de ternuras, mi sangre es una lucha de cariños. Tu vientre es un racimo de dulzuras, mi sangre es una lucha de cariños. Tu vientre sabe a lucha de racimos, mi sangre sabe a lucha de navíos. Tu vientre sabe a lucha de espigas, mi sangre sabe a lucha de claveles. Tu vientre sabe a lucha de heridas, mi sangre sabe a lucha de cuchillos. Tu vientre sabe a lucha de semillas, mi sangre sabe a lucha de caminos. Tu vientre sabe a lucha de ternuras, mi sangre sabe a lucha de cariños. Tu vientre sabe a lucha de dulzuras, mi sangre sabe a lucha de cariños.

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Luis Palés Matos

"Canción festiva para ser llorada"

Ahora sí que me voy a poner triste, pero triste de veras, con esa tristeza antillana que sube de los pies a la cabeza. Voy a llorar un poco, porque tengo ganas de llorar, y después me voy a reír, porque de tanto llorar me dan ganas de reír. Y voy a reír un poco, porque tengo ganas de reír, y después me voy a poner serio, porque de tanto reír me dan ganas de ser serio. Y voy a estar serio un poco, porque tengo ganas de estar serio, y después me voy a poner alegre, porque de tanto estar serio me dan ganas de estar alegre. Y voy a estar alegre un poco, porque tengo ganas de estar alegre, y después... ¡qué sé yo lo que haré! Total, que soy antillano y nunca sé lo que haré.

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Andrés Eloy Blanco

"Canto a España"

España, la de la sangre ardiente, la de los siglos y la de la gloria, la que en sus venas lleva la historia de un pueblo fuerte y de una raza ardiente. España, madre de la fe valiente, de los conquistadores y la victoria, la que en su seno guarda la memoria de un pasado gigante y prepotente. Te saludo, España, desde lejos, desde esta tierra que también es tuya, porque en sus venas corre tu sangre roja. Te saludo con versos y con sueños, con este canto que mi voz construya para decirte que te quiero y te amo.

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Reinaldo Arenas

"Canto a la fuga"

Huyo de las paredes que crecen en la mirada, de los labios sellados por el miedo. Mis pasos dibujan mapas en la arena, buscando una orilla donde el mar no tenga dueño. Llevo conmigo el eco de las risas ahogadas, el polvo de los libros quemados, y en el pecho, un puñal de palabras prohibidas. No miro atrás: la patria es una sombra que muerde. Sigo hacia donde el vino no tenga sabor a lágrimas, y el cuerpo pueda amar sin convertirse en pecado.

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Leopoldo María Panero

"Canto a la muerte de mi padre"

Padre, te busco en el silencio de la casa vacía, en los libros que leíste, en las fotos desvaídas. Padre, te llamo y sólo el eco responde en la memoria, un eco que se pierde en los pasillos del tiempo. Tu sombra se pasea aún por los jardines muertos, tu voz susurra versos que el viento se llevó. Padre, eres un fantasma que habita mis poemas, un nombre repetido como un latido herido. Me enseñaste el lenguaje de las cosas perdidas, la gramática del dolor, la sintaxis del olvido. Padre, fuiste el espejo donde me contemplé roto, el primer desconcierto, la primera pregunta. Ahora yaces bajo la tierra que tanto amaste, convertido en raíces, en savia de ciprés. Padre, soy tu herencia maldita, tu poema imperfecto, tu hijo que escribe versos con la tinta de tu ausencia. Duerme en paz, si es que existe paz para los muertos. Duerme en paz, si es que existe algo después de la nada. Yo seguiré llamándote desde este lado del sueño, desde este lado de la vida que es morir lentamente.

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