POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Yolanda Bedregal

"Canto a la mujer minera"

Mujer de carbón y de silencio, mujer de socavón y de espera, tu vientre guarda el germen del estaño y tus ojos la noche de la mina. Tus manos son dos palomas negras que acarician la roca y el hambre, tus pies conocen el camino al abismo y tu boca guarda un grito de piedra. Mujer que tejes la vida con hilos de polvo, mujer que amasas el pan con lágrimas de sal, tu nombre es eco en la boca del viento tu sombra es cruz en la puerta del mineral. Cuando bajas al fondo del mundo llevas en el delantal estrellas de azogue, y subes con la muerte a cuestas convertida en estatua de yeso y de sueño. Mujer minera, raíz de Bolivia, tu dolor es semilla en la entraña de América, tu silencio es un río de plata oscura que fluye hacia el mar de la historia.

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José Coronel Urtecho

"Canto a la patria joven"

Patria, no eres solo un mapa descolorido, ni un himno que repiten bocas cansadas, eres el sudor del campesino en la mañana, el grito del niño que juega en el río. Tus montañas guardan memorias de rebeldes, tus ríos llevan historias de amores y guerras, tus calles son un laberinto de esperanzas, tus noches un manto lleno de promesas. Patria joven, aún te busco en cada rostro, en las manos que labran, en las voces que cantan, no eres un altar para discursos vacíos, eres este presente que construimos día a día.

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Carmen Conde

"Canto a la paz"

Paz, no eres sólo la ausencia de guerra, la tregua fría entre el odio y el fuego; eres el pan compartido en la mesa, el trabajo fecundo, el buen sosiego. Eres la voz que clama justicia, la mano tendida al que sufre y llora; eres el niño que ríe en la escuela, la semilla que el surco atesora. Paz, eres el diálogo sereno, el respeto al que piensa distinto; eres la luz que alumbra los caminos, el abrazo fraterno, el claro tino. No te defines por lo que no tienes, sino por lo que das y construyes: por los puentes que unen las orillas, por la esperanza que nunca se huye. Canto a la paz que nace del pueblo, de los labios que ansían concordia; canto a la paz que es lucha y es obra, no simple sueño o vana memoria. ¡Paz con justicia, paz con libertad, paz con pan para el hambriento! ¡Paz que sea cimiento de un mundo nuevo, donde el hombre viva, por fin, contento!

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Pablo de Rokha

"Canto del macho anciano"

Yo soy el macho anciano de las cordilleras rojas, el que canta en los bosques con voz de toro y piedra, el que bebe en los ríos la sangre de la tierra y escupe en el océano las cóleras inmensas. Mis ojos son dos grietas por donde mira el diablo, mi barba es una zarza de rayos y relámpagos, mis manos dos montañas que aplastan los establos donde rumian los bueyes su estúpida paciencia. He visto cómo caen los cóndores heridos, cómo se pudren soles en el pantano eterno, cómo los hombres mueren de miedo y de gobierno y cómo las mujeres parían monstruos fríos. ¡Ah, pero yo persisto! Persisto como el roble que clava en la montaña sus garras de granito, persisto con el viento que azota y maldito rompe los cementerios donde el silencio cobra. Yo soy el macho anciano, el que no tiene dueño, el que ríe en la noche con risa de volcán, el que siembra en los surcos su cólera de afán y cosecha en los trigos una espiga de sueño.

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Juan Gelman

"Carta a mi madre"

Madre, cuando sea grande voy a ser pequeño. Voy a entrar en tus ojos cuando duermas voy a hacer nido en tus lágrimas voy a cantar desde tu garganta voy a nacer de nuevo todos los días. Madre, voy a ser el hijo que no tuve voy a ser el padre que no tuviste voy a ser el hermano que nos falta voy a ser el amor que nos quita. Madre, voy a ser la palabra que no dijiste voy a ser el silencio que guardaste voy a ser la memoria que perdiste voy a ser el olvido que te salva. Madre, voy a ser todo lo que no pudiste voy a ser nada de lo que quisiste voy a ser el hijo que regresa siempre siempre siempre.

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Benjamín Prado

"Carta a un amigo"

Querido amigo, te escribo desde lejos, desde este lugar donde el tiempo pasa más despacio que en ninguna parte. Aquí las tardes son largas, las noches interminables, los días todos iguales. Y pienso en ti, en nuestras conversaciones, en esos cafés compartidos, en esas risas que ya no suenan. El mundo sigue girando, la vida sigue su curso, pero algo se ha roto, algo se ha perdido. Y yo sigo aquí, escribiendo esta carta que nunca te llegará, porque tú ya no estás.

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Oliverio Girondo

"Carta a una señorita en París"

Señorita: Su carta me ha llegado como un pájaro con las alas mojadas de rocío. Yo también estoy triste. Triste como un farol en una calle desierta donde nunca pasa nadie. Pero mi tristeza es más grande que la suya: es tan grande que no cabe en mi cuarto y tengo que sacarla a pasear por las tardes, como un perro enorme y melancólico. ¿Quiere usted que nos encontremos un día de estos y paseemos juntos nuestras dos tristezas? Tal vez, al andar una al lado de la otra, se hagan amigas y se olviden de nosotros.

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