"Canto a la muerte de mi padre"
Padre, te busco en el silencio de la casa vacía, en los libros que leíste, en las fotos desvaídas. Padre, te llamo y sólo el eco responde en la memoria, un eco que se pierde en los pasillos del tiempo. Tu sombra se pasea aún por los jardines muertos, tu voz susurra versos que el viento se llevó. Padre, eres un fantasma que habita mis poemas, un nombre repetido como un latido herido. Me enseñaste el lenguaje de las cosas perdidas, la gramática del dolor, la sintaxis del olvido. Padre, fuiste el espejo donde me contemplé roto, el primer desconcierto, la primera pregunta. Ahora yaces bajo la tierra que tanto amaste, convertido en raíces, en savia de ciprés. Padre, soy tu herencia maldita, tu poema imperfecto, tu hijo que escribe versos con la tinta de tu ausencia. Duerme en paz, si es que existe paz para los muertos. Duerme en paz, si es que existe algo después de la nada. Yo seguiré llamándote desde este lado del sueño, desde este lado de la vida que es morir lentamente.