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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

José Lezama Lima

"Pensamientos en La Habana"

Esta ciudad de columnas y de arcadas, de balcones que miran al mar indeciso, guarda en sus piedras viejas el tiempo detenido, el suspiro colonial en el aire salado. Por sus calles camina la sombra de Heredia, el rumor de Plácido en la noche espesa. La Habana es un poema de cal y de hierro, de mangos madurando en patios secretos. El Malecón recibe la cólera del mar, los dioses africanos bailan en la penumbra. Esta isla es un verso entre dos continentes, un adjetivo barroco en la boca del viento. Cuando la luna sube sobre El Morro antiguo, La Habana se convierte en metáfora pura, en imagen total donde el tiempo es ahora y América respira con pulmones de siglos.

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José Coronel Urtecho

"Pequeña oda a tío Coyote"

Tío Coyote, viejo astuto de los caminos, tus huellas marcan la tierra como secretos, tus ojos brillan con la luz de la luna llena, tu aullido rasga el silencio de la noche. Eres el trickster, el sobreviviente, el que burla a los perros y a los cazadores, tu cola es un penacho de polvo y sabiduría, tu risa un eco en los cañones secos. Tío Coyote, hermano de los marginados, tu historia se entrelaza con la nuestra, eres el espejo de esta tierra salvaje, el guardián de lo que nadie quiere ver.

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Blas de Otero

"Pido la paz y la palabra"

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño. Aquí tenéis lo que queda del hombre que ha luchado hasta ser arcilla y sueño.

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Gabriela Mistral

"Piececitos"

Piececitos de niño, azulados de frío, ¡cómo os ven y no os cubren, Dios mío! Piececitos heridos por los guijarros todos, ultrajados de nieves ¡y lodos! El hombre ciego ignora que por donde pasáis, una flor de luz viva dejáis; que allí donde ponéis la plantita sangrante, el nardo nace más fragante. Sed, puesto que marcháis por los caminos rectos, heroicos como sois perfectos. Piececitos de niño, dos joyitas sufrientes, ¡cómo pasan sin veros las gentes!

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Eugenio Montejo

"Piedra de habla"

Esta piedra que sostengo en mi mano no es solo una piedra. Tiene la forma del silencio, el peso de los siglos. En su superficie lisa puedo leer historias antiguas, palabras que el viento escribió y la lluvia borró. La piedra no habla, pero escucha. Guarda en su dureza el murmullo de los ríos, el grito de los pájaros. Es un pedazo de tierra que aprendió a callar. Yo quisiera ser como ella: tener la paciencia de las cosas que no tienen prisa por decir nada.

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Octavio Paz

"Piedra de sol"

un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: un caminar tranquilo de estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados cerrados mana toda la noche profecías, unánime presencia en oleaje, ola tras ola hasta cubrirlo todo, verde soberanía sin ocaso como el deslumbramiento de las alas cuando se abren en mitad del cielo, un caminar entre las espesuras de los días futuros y el aciago fulgor de la desdicha como un pájaro que petrifica el bosque con su canto y las felicidades inminentes entre las ramas que se desvanecen, horas de luz que pican ya los frutos, el minuto en la boca encendida, el sabor que disipa los fantasmas, la horizontal dicha en el equilibrio, el peso de la tierra soportado, la transparencia. (Se presenta un fragmento representativo del poema completo de 584 versos)

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José Watanabe

"Piedra negra"

Encontré una piedra negra en el camino. La levanté. Era pesada y lisa. La llevé a casa. La puse en mi escritorio. Ahora, cuando escribo, la piedra negra me mira. A veces pienso que la piedra negra también escribe. Escribe con su peso, con su silencio. Yo escribo con palabras. La piedra escribe con lo que le falta: con su oscuridad, con su imposibilidad de ser otra cosa. Los dos escribimos sobre lo mismo: sobre el tiempo que nos ha traído aquí juntos, en este cuarto, mirándonos.

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César Vallejo

"Piedra negra sobre una piedra blanca"

Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París —y no me corro— talvez un jueves, como es hoy, de otoño. Jueves será, porque hoy, jueves, que proso testos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo. César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro tambien con una soga; son testigos los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos...

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Ana Rossetti

"Piel de doncella"

Esta piel que me dieron, finísima y tirante, la voy descosiendo puntada a puntada. No quiero su blancura de azucena intacta, su olor a jabón neutro, su tacto de guante. Prefiero la piel manchada de sol y de barro, la que lleva escritas las huellas del gozo, la que sabe a salitre, a tierra mojada, a fruta madura que estalla entre los dientes. Voy rompiendo las costuras de esta doncellez, tejiendo con mis hilos una piel más ancha, donde quepan los besos, los arañazos, el mapa completo de todos mis viajes. Al final, seré un traje usado y glorioso, con remiendos de risa y zurcidos de llanto, y en cada desgarrón se asomará el asombro de estar viva, desnuda, dueña de mi carne.

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