POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Octavio Paz

"La calle"

Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está oscuro y sin salida, y doy vueltas y vueltas en esquinas que dan siempre a la calle donde nadie me espera ni me sigue, donde yo sigo a un hombre que tropieza y se levanta y dice al verme: nadie.

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Luis Rosales

"La casa encendida"

Esta es la casa donde el tiempo pasa sin hacer ruido, como un río lento, donde la luz se queda en las ventanas mirando al cielo quieto y transparente. Aquí la vida tiene otro sentido, se hace más honda, más callada y pura, como si el alma, al fin, hubiera encontrado la paz que busca en su larga aventura. Esta es la casa donde todo es tuyo, donde el recuerdo vive y se hace eterno, donde la sombra tiene claridades y el silencio se llena de misterio.

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Federico García Lorca

"La casada infiel"

Y que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido. Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido y un horizonte de perros ladra muy lejos del río. Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llevé del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios. Me porté como quien soy. Como un gitano legítimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido dijo que era mozuela cuando la llevaba al río.

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Enrique Lihn

"La derrota"

La derrota no es un acto, es un hábito. La derrota no es un hecho, es un destino. La derrota no es una opción, es una condición. La derrota no es una excepción, es la regla. La derrota no duele, duele la esperanza. La derrota no mata, mata la ilusión. La derrota no humilla, humilla la dignidad. La derrota no destruye, destruye la fe. La derrota no tiene rostro, tiene máscaras. La derrota no tiene voz, tiene ecos. La derrota no tiene cuerpo, tiene sombras. La derrota no tiene fin, tiene principios. La derrota no es un enemigo, es un aliado. La derrota no es un castigo, es un premio. La derrota no es un fracaso, es un éxito. La derrota no es un final, es un comienzo. La derrota soy yo, la derrota eres tú. La derrota somos todos, la derrota es nadie. La derrota está aquí, la derrota está allá. La derrota es ahora, la derrota es siempre.

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Leopoldo Panero

"La estancia vacía"

La casa está callada. En la estancia vacía sólo queda el silencio, como un agua profunda. Los muebles, los retratos, todo parece que huya de la luz que se apaga, de la tarde que se hunde. Aquí vivió mi padre. Aquí su voz sonaba llena de gravedad, como un órgano grave. Aquí su paso lento la madera cruzaba y aquí su sombra en el espejo se supo clave. Ahora sólo el polvo, como un sueño, reposa sobre los objetos que su mano tocó. Y el tiempo, que es un río de invisible cosa, se lleva la memoria de lo que aquí pasó. La estancia está vacía. Pero en su vacío hay algo que perdura, algo que no se va: la presencia invisible de quien fue tan mío que aún me habla en el silencio, que aún me llama acá.

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Salomé Ureña

"La fe en el porvenir"

¡Salve, oh patria! que al fin tu frente altiva levantas del abismo en que yacías, y al soplo de la vida renaces, cual la fénix, a la vida. Ya pasó la tormenta que encrespaba tus mares, y en tu seno la paz sus alas tiende, y el sereno cielo de la esperanza te alumbra. ¡Salve, oh patria! que al fin tu frente altiva levantas del abismo en que yacías, y al soplo de la vida renaces, cual la fénix, a la vida. Ya el sol de la justicia resplandece en tu cielo, y sus rayos iluminan tus campos y tus playos, donde el crimen y el llanto se oscurece. ¡Salve, oh patria! que al fin tu frente altiva levantas del abismo en que yacías, y al soplo de la vida renaces, cual la fénix, a la vida.

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Amado Nervo

"La Hermana Agua"

Hermana agua, hermana agua, pequeña, clara, serena, que das al triste la paz que no le dio la terrena. Hermana agua, hermana agua, que en la fuente cristalina eres como la mirada clara de alguna divina. Hermana agua, hermana agua, que en el mar eres violenta, pero en el lago eres triste, triste y dulce como lenta. Hermana agua, hermana agua, que en el río vas cantando, y en la cascada blanca vas como un sueño pasando. Hermana agua, hermana agua, pequeña, clara, serena, que das al triste la paz que no le dio la terrena.

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Juana de Ibarbourou

"La hora"

Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría esta taciturna cabellera mía. Ahora que tengo la carne olorosa, y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi pie ligero la sandalia de raso verdadero. Después... ¡ah, después!... Nadie sabe lo que pasa después, ni lo que trae la rueda de las horas. Después... ¡quién sabe si la frente mustia se puebla de arrugas y de nieve y de angustia! ¡Quién sabe si estos labios que hoy tienen rojo fuego no se cubren después del pálido sosiego! ¡Quién sabe si este cuerpo dúctil de serpiente no yace después mustio, contraído y doliente! ¡Y quién sabe si entonces, como hoy, de mí se apiada la noche, y me ofrece su manto de morada! ¡Y quién sabe si entonces, como hoy, me trae el día su ofrenda de cantos, de aromas y de armonía! Tómame ahora que aún es temprano, y que llevo dalias nuevas en la mano.

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