"La liebre"
La liebre se detuvo en medio del camino. Era blanca, toda blanca, como un copo de nieve. Sus ojos eran dos gotas de rocío. Yo me acerqué y la toqué. Era suave, muy suave, como un pensamiento. La liebre se fue saltando, se fue saltando hasta perderse en el campo. Y yo me quedé allí, con la mano extendida, con la mano extendida y el corazón latiendo.