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Marosa di Giorgio

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Biografía

Marosa di Giorgio fue una poeta uruguaya considerada una de las voces más originales y singulares de la literatura latinoamericana del siglo XX. Nacida en Salto, Uruguay, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, desarrolló una obra profundamente personal que fusiona lo cotidiano con lo fantástico. Su poesía, caracterizada por un lenguaje sensual y visionario, transforma elementos de la naturaleza y la vida rural en escenarios de magia y erotismo. Aunque publicó su primer libro en 1953, su reconocimiento creció significativamente en las décadas de 1980 y 1990. Su obra ha influido en generaciones posteriores de poetas y es estudiada por su capacidad para crear un universo poético único donde lo real y lo imaginario se confunden.

Poemas de Marosa

"Rosa mística"

Rosa mística, rosa de los vientos, rosa que crece en el aire, rosa sin tallo, sin raíces, rosa que florece en mi sueño. Tus pétalos son de luz, tu aroma es de incienso. Rosa mística, rosa del éxtasis, rosa que sangra en la noche. Te miro y me miro en ti, rosa que eres yo, rosa que soy yo, rosa que se abre en el vacío.

"El duraznero"

El duraznero floreció en la noche. Sus flores eran rosadas, como mejillas de niña. El viento las mecía suavemente, y ellas se dejaban mecer, felices. Yo me acerqué y respiré su perfume. Era un perfume dulce, embriagador. Me quedé allí, bajo el duraznero, hasta que amaneció. Y cuando el sol salió, las flores se cerraron, tímidas. Pero en el aire quedó flotando su perfume, su perfume de duraznero.

"La liebre de marzo"

La liebre de marzo salta sobre el jardín. Sus ojos son dos cerezas. Su pelaje es de musgo. Salta y salta, y en cada salto brota una flor de su lomo. Yo la miro desde la ventana. Ella me mira con sus ojos de cereza. Y salta, salta, hasta perderse en el bosque de la tarde. Y yo me quedo con el jardín lleno de flores que son sus huellas.

"El jardín de las delicias"

En el jardín de las delicias las flores tienen dientes. Las frutas cantan canciones antiguas. Los pájaros son de cristal y se rompen al volar. Yo camino descalza sobre la hierba que es suave como la seda. Y siento que las raíces me halan hacia abajo, hacia el centro de la tierra, donde duermen los dioses verdes. En el jardín de las delicias todo es posible y todo está prohibido.

"La liebre"

La liebre se detuvo en medio del camino. Era blanca, toda blanca, como un copo de nieve. Sus ojos eran dos gotas de rocío. Yo me acerqué y la toqué. Era suave, muy suave, como un pensamiento. La liebre se fue saltando, se fue saltando hasta perderse en el campo. Y yo me quedé allí, con la mano extendida, con la mano extendida y el corazón latiendo.

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