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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Juan L. Ortiz

"La lluvia lenta"

Llueve despacio sobre el campo, cada gota es un latido del cielo, un rumor que acaricia la tierra y despierta memorias antiguas. La lluvia teje un velo gris entre los árboles y el horizonte, borra los límites de las cosas y funde el paisaje en un sueño. Gotas sobre hojas, gotas sobre tejas, música constante y monótona que lava el polvo del camino y refresca el alma cansada. Llueve sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido a escuchar este diálogo eterno entre el cielo y la tierra que lo espera.

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Jaime Sabines

"La luna"

La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.

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Alejandra Pizarnik

"La noche"

La noche, la noche, la noche. Sólo la noche para decir te quiero. Sólo la noche para decir me muero. Sólo la noche para decir no puedo. Sólo la noche para decir te espero. Sólo la noche para decir te tengo. Sólo la noche para decir te pierdo. Sólo la noche para decir te encuentro. Sólo la noche para decir te olvido. Sólo la noche para decir te nombro. Sólo la noche para decir te callo. Sólo la noche para decir te hablo. Sólo la noche para decir te sueño. Sólo la noche para decir te creo. Sólo la noche para decir te niego. Sólo la noche para decir te acepto. Sólo la noche para decir te dejo. Sólo la noche para decir te tomo. Sólo la noche para decir te doy. Sólo la noche para decir te soy.

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Pedro Salinas

"La orilla"

No, no es el mar lo que amo. No es el azul, ni el bronce de su esplendor, ni el blanco de sus espumas. Es una playa cierta, la única, ésa que en la ribera opuesta de mí, levantas tú, con tu presencia, cuando vienes, y cuando vas. Esa orilla de carne, de vida, esa ribera breve, tibia, que empieza en tu pie desnudo, y sube por tu cuerpo hasta el alma, por el alma hasta el cuerpo. Esa orilla en que arribo, siempre, a naufragio dulce, cuando me acerco a ti. No, no es el mar lo que amo. Es esa orilla, sólo, la que me das, la que me quitas, tú, mar sin orillas.

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Olga Orozco

"La oscuridad es otro sol"

La oscuridad es otro sol. Enciende sus raíces en lo profundo y sube como un árbol invertido a iluminar la noche del alma. Sus frutos son estrellas negras, sus hojas, susurros de sombra. Y en su tronco de ausencia escriben los muertos sus nombres. La oscuridad es otro sol. Calienta con su fuego de hielo, alumbra con su ceguera clara, revela lo que la luz esconde. No temas a la oscuridad: es la madre de todos los soles, el origen del verbo y del silencio, el umbral donde nace la luz.

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Eugenio Florit

"La palma real"

Alta palma, inmóvil en el viento, erguida sobre el llano verde y puro, tu sombra es fresca y tu silencio lento habla de islas bajo el cielo oscuro. No te meces como otras palmeras, no inclinas tu esbeltez hacia la tierra. Guardas el sueño de las cordilleras y el secreto del mar que te encierra. Cuando la tarde cae y el rocío platea tu penacho solitario, pareces un pensamiento mío hecho de luz y de silencio vario. Palma real, quietud hecha belleza, en tu estatura hay tanta fortaleza como en mi alma, cuando está vacía y solo escucha su propia armonía.

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