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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Ramón López Velarde

"Fuensanta"

Fuensanta, la de mis horas todas, la que me dio su amor, la que me quita la vida con sus iras y sus bodas, la que me desangró como una herida. Fuensanta, la que tiene en sus cabellos el oro de la tarde que se aleja, y en sus ojos el verde de los huertos y en su boca la miel de las abejas. Fuensanta, la que tiene en sus caderas el balanceo de las palmeras, y en su vientre el calor de los graneros, y en sus senos la espuma de los ríos. Fuensanta, la que tiene en sus palabras el sabor de la sal de los estíos, y en su risa el sonido de las chicharras, y en su llanto el rumor de los rocíos. Fuensanta, la que tiene en sus desdenes el filo de la hoja de los cuchillos, y en sus besos el fuego de los hornos, y en sus brazos el sueño de los grillos. Fuensanta, la que tiene en su presencia la gravedad de las constelaciones, y en su ausencia la angustia de los pozos, y en su recuerdo el polvo de los trenes. Fuensanta, la que tiene en su destino la rueda de la noria que no cesa, y en su amor la semilla de los trigos, y en su olvido la piedra de la iglesia. Fuensanta, la de mis horas todas, la que me dio su amor, la que me quita la vida con sus iras y sus bodas, la que me desangró como una herida.

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Pedro Mir

"Hay un país en el mundo (fragmento inicial)"

Hay un país en el mundo colocado al norte del planeta. Se llama República Dominicana. Tiene una extraña primavera perpetua y una extraña locura de luces y de lluvias. Tiene una cordillera triste que lo atraviesa y lo divide como una cicatriz. Tiene un río grande y sonoro que se llama Yaque del Norte y otro río grande y sonoro que se llama Yaque del Sur y otro río grande y sonoro que se llama Ozama y otro río grande y sonoro que se llama Nizao. Tiene un lago salado y enorme que se llama Enriquillo y tiene también una bahía que se llama de Samaná y tiene también una isla que se llama Saona y tiene también otra isla que se llama Beata. Tiene un valle inmenso que se llama de la Vega Real y tiene también una llanura que se llama del Este y tiene también otra llanura que se llama de Azua. Tiene un desierto pequeño que se llama de Bani y tiene también una sierra que se llama de Bahoruco y tiene también otra sierra que se llama de Neiba. Tiene un cabo que se llama Engaño y tiene también otro cabo que se llamado Francés y tiene también otro cabo que se llama Macorís y tiene también otro cabo que se llama Viejo. Tiene una ciudad que se llama Santo Domingo y tiene también otra ciudad que se llama Santiago y tiene también otra ciudad que se llama La Vega y tiene también otra ciudad que se llama San Francisco de Macorís y tiene también otra ciudad que se llama San Pedro de Macorís y tiene también otra ciudad que se llama Puerto Plata y tiene también otra ciudad que se llama Barahona y tiene también otra ciudad que se llama San Juan de la Maguana y tiene también otra ciudad que se llama Higüey y tiene también otra ciudad que se llama Baní y tiene también otra ciudad que se llama Moca y tiene también otra ciudad que se llama Azua y tiene también otra ciudad que se llama Monte Cristi y tiene también otra ciudad que se llama Samaná.

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Blas de Otero

"Hijos de la ira"

Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño. Hijos de la ira, de la sombra y del sueño, los que nacisteis sin pan y sin abrigo, los que lloráis de hambre y de frío, los que morís sin nombre y sin dueño.

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Luis Antonio de Villena

"Himno a la juventud que se fue"

La juventud se fue. Ya no regresa. Quedan los ojos que la vieron irse, las manos que tocaron su hermosura, el eco de su risa en la penumbra. Queda el recuerdo, sí, pero no basta. La juventud se fue. Y con ella todo: el fuego de la sangre en las venas, el ansia de vivir sin medida. Ahora solo queda este vacío, este silencio que lo inunda todo, esta nostalgia de lo que no vuelve, esta certeza de que todo acaba. La juventud se fue. Y yo me quedo mirando al horizonte, esperando que algo, quizás un soplo, un destello, me devuelva por un instante el esplendor de lo que ya no existe.

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Franz Tamayo

"Himno a la vida"

¡Vida, torrente inmenso que corre hacia la muerte! ¡Ola que sube al cielo y baja al abismo! En tu seno llevas el germen del ser, el polvo y la estrella, el llanto y la risa. Eres dolor que talla el alma en el martirio, alegría que estalla en canto de colores, semilla que se hunde en el surco sombrío, flor que se abre al beso de los ardientes soles. No preguntes adónde vas, vida misteriosa, ni de dónde viniste en la noche sin fin; bebe el instante puro, goza la hora hermosa, que cada latido es un verso en el gran poema sin fin. ¡Vida! Te acepto entera, con tu espina y tu rosa, con tu sombra y tu luz, con tu paz y tu guerra; porque en tu rueda eterna, gloriosa o dolorosa, se forja el alma humana que vencerá a la tierra.

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Sor Juana Inés de la Cruz

"Hombres necios que acusáis"

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco, al niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlandoos, si os quieren bien. Opinion, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil, enfada? Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos en hora buena. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas. ¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis. Dejad de solicitar, y después, con más razón, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar. Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.

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