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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Adela Zamudio

"Quo Vadis"

¿A dónde vas, alma mía, en la noche tenebrosa? ¿A dónde vas, peregrina, con la fe ya vacilante? Llevas en tu seno herido una angustia dolorosa, una sed de lo infinito, un anhelo de lo grande. Y vas buscando en la sombra la verdad que se te esconde, la luz que jamás se apaga, el amor que no se acaba. ¿A dónde vas, alma mía, con tu carga de amargura? ¿No ves que en la noche oscura se pierde tu débil huella? ¡Detente!... Ya en el oriente el alba rompe su sello, y en la cúspide del cielo brilla la Estrella de Estrellas.

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José Lezama Lima

"Rapsodia para el mulo"

El mulo pace en el prado de la eternidad. Sus ojos son dos pozos de quietud y de olvido. En su lomo se posa la luz del mediodía como un pájaro inmóvil de fuego consumido. No conoce la angustia del tiempo medido, ni la fiebre del hombre por lo no conseguido. En su sueño de hierba y de cielo fundido, el mulo es la paciencia de lo no decidido. Pasa la tarde lenta sobre su testuz frío, se encienden las estrellas en su pelaje oscuro. El mulo es un enigma que pace en el misterio, un centro silencioso en el giro del mundo. Cuando la noche cierre su párpado profundo, el mulo seguirá siendo ese testigo puro que sin preguntar nada lo comprende todo.

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José Hierro

"Reportaje"

La ciudad se levanta. El sol en los tejados. La luz en las ventanas. La gente va y viene. Unos suben, otros bajan. Todos tienen prisa. El tranvía pasa. El autobús se para. La gente se agolpa. En los escaparates se miran las caras. Nadie se reconoce. El reloj da las horas. La vida es un reportaje que nadie lee completo. Sólo algunos fragmentos: un amor, una muerte, un sueño, una derrota. Y al final del día, cuando cae la noche, la ciudad se apaga. Y cada uno vuelve a su casa, a su sombra, a su soledad.

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Gustavo Adolfo Bécquer

"Rima I (Yo sé un himno gigante y extraño)"

Yo sé un himno gigante y extraño que anuncia en la noche del alma una aurora, y estas páginas son de ese himno cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirlo, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma, con palabras que fuesen a un tiempo suspiros y risas, colores y notas. Pero en vano es luchar; que no hay cifra capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! si teniendo en mis manos las tuyas pudiera, al oído, cantártelo a solas.

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