"Rapsodia para el mulo"
El mulo pace en el prado de la eternidad. Sus ojos son dos pozos de quietud y de olvido. En su lomo se posa la luz del mediodía como un pájaro inmóvil de fuego consumido. No conoce la angustia del tiempo medido, ni la fiebre del hombre por lo no conseguido. En su sueño de hierba y de cielo fundido, el mulo es la paciencia de lo no decidido. Pasa la tarde lenta sobre su testuz frío, se encienden las estrellas en su pelaje oscuro. El mulo es un enigma que pace en el misterio, un centro silencioso en el giro del mundo. Cuando la noche cierre su párpado profundo, el mulo seguirá siendo ese testigo puro que sin preguntar nada lo comprende todo.