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José Lezama Lima

La imagen la poesía como conocimiento total la tradición barroca la identidad cubana lo sagrado en lo cotidiano el tiempo y la memoria

Biografía

José Lezama Lima fue uno de los escritores más importantes de la literatura cubana y latinoamericana del siglo XX. Fundador de la revista 'Orígenes' (1944-1956), que reunió a destacadas figuras de la cultura cubana. Desarrolló un sistema poético propio basado en la 'imagen' como eje del conocimiento, donde lo barroco se fusiona con lo americano. Su obra, densa y erudita, busca capturar la esencia de la realidad a través de asociaciones metafóricas. Considerado maestro del neobarroco, influyó en generaciones posteriores como el grupo de escritores del 'boom' latinoamericano.

Poemas de José

"Pensamientos en La Habana"

Esta ciudad de columnas y de arcadas, de balcones que miran al mar indeciso, guarda en sus piedras viejas el tiempo detenido, el suspiro colonial en el aire salado. Por sus calles camina la sombra de Heredia, el rumor de Plácido en la noche espesa. La Habana es un poema de cal y de hierro, de mangos madurando en patios secretos. El Malecón recibe la cólera del mar, los dioses africanos bailan en la penumbra. Esta isla es un verso entre dos continentes, un adjetivo barroco en la boca del viento. Cuando la luna sube sobre El Morro antiguo, La Habana se convierte en metáfora pura, en imagen total donde el tiempo es ahora y América respira con pulmones de siglos.

"Rapsodia para el mulo"

El mulo pace en el prado de la eternidad. Sus ojos son dos pozos de quietud y de olvido. En su lomo se posa la luz del mediodía como un pájaro inmóvil de fuego consumido. No conoce la angustia del tiempo medido, ni la fiebre del hombre por lo no conseguido. En su sueño de hierba y de cielo fundido, el mulo es la paciencia de lo no decidido. Pasa la tarde lenta sobre su testuz frío, se encienden las estrellas en su pelaje oscuro. El mulo es un enigma que pace en el misterio, un centro silencioso en el giro del mundo. Cuando la noche cierre su párpado profundo, el mulo seguirá siendo ese testigo puro que sin preguntar nada lo comprende todo.

"Muerte de Narciso"

En el agua incesante, el joven se miraba, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. El agua multiplica su lento desvarío, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. En el agua incesante, el joven se miraba, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba. El agua multiplica su lento desvarío, el agua que desliza su cristal de agonía. Su imagen le ofrecía una fruta de día, pero su mano apenas la imagen acariciaba.

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