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Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Álvaro Mutis

"Summa de Maqroll el Gaviero"

No tengo patria ni bandera, mi reino es el vaivén del mar. He visto puertos y borrascas, he amado mujeres que se fueron con la marea de la tarde. Mi memoria es un atlas de derrotas, mi futuro un horizonte sin puertos. Sólo me queda este diario de a bordo, donde anoto el paso de las nubes y el lento naufragio de los días. Al final, quizás alguien lea estas páginas salpicadas de sal y entienda que navegar fue mi única manera de estar quieto.

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José Emilio Pacheco

"Tarde o temprano"

Tarde o temprano sabrás que todo se acaba, que el polvo vuelve al polvo, que la carne a la carne, que el pensamiento al sueño que lo engendró. Tarde o temprano sabrás que el amor es un pájaro que se posa un instante en la rama más frágil. Tarde o temprano sabrás que la vida no es vida sino un tiempo prestado para aprender a morir. Tarde o temprano sabrás que lo que llamas yo es apenas un hueco que deja el viento al pasar.

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Abraham Valdelomar

"Tristitia"

Yo nací en un valle, en una aldea humilde, entre montañas de granito y de nieve. Mi infancia fue dulce, serena y tranquila como un arroyuelo que entre peñas bebe. Yo amé los crepúsculos, las tardes de otoño, el canto del agua, la canción del viento, y en las noches claras, de luna y de estrellas, el triste y lejano rumor del silencio. Hoy vivo en la urbe, en la ciudad ruidosa, donde el hombre lucha, sufre, gime y canta, y añoro la aldea, la aldea lejana, la aldea que duerme al pie de la montaña. ¡Oh, aldea natal, yo te amo y te añoro! ¡Oh, aldea natal, yo te canto y te lloro! ¡Oh, aldea natal, yo te sueño y te imploro! ¡Oh, aldea natal, yo te vivo y te muero!

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Alfonsina Storni

"Tú me quieres blanca"

Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya. Ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres alba. Tú que hubiste todas las copas a mano, de frutos y mieles los labios morados. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos dejaste las carnes festejando a Baco. Tú que en los jardines negros del Engaño vestido de rojo corriste al Estrago. Tú que el esqueleto conservas intacto no sé todavía por cuáles milagros, me pretendes blanca (Dios te lo perdone), me pretendes casta (Dios te lo perdone), ¡me pretendes alba! Huye hacia los bosques, vete a la montaña; límpiate la boca; vive en las cabañas; toca con las manos la tierra mojada; alimenta el cuerpo con raíz amarga; bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; renueva tejidos con salitre y agua; habla con los pájaros y lévate al alba. Y cuando las carnes te sean tornadas, y cuando hayas puesto en ellas el alma que por las alcobas se quedó enredada, entonces, buen hombre, preténdeme blanca, preténdeme nívea, preténdeme casta.

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Aurora Luque

"Tú, que entiendes de mitos"

Tú, que entiendes de mitos, que lees en griego los destinos, que descifras el vuelo de los pájaros y el rumor de las hojas en el bosque sagrado. Tú, que conoces el nombre secreto de cada dios y cada heroína, que has navegado por los mapas antiguos hasta encontrar la isla de los sueños. Explícame por qué Afrodita nació de la espuma, por qué Perséfone vuelve cada primavera, por qué Orfeo miró hacia atrás cuando Eurídice ya casi era suya. Dime si los mitos son espejos donde nos miramos y nos reconocemos, historias viejas que se repiten con distintos nombres y distintos rostros. Tú, que entiendes de mitos, enséñame a vivir en esta leyenda, a encontrar mi lugar en el gran relato, a ser, al fin, protagonista de mi propio mito.

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