POEMIX.ES

Poemas

Un catálogo de piezas inmortales

Pedro Lemebel

"Las cosas por su nombre"

Yo no voy a cambiar Por más que me golpeen No voy a llorar Por más que me humillen Yo sé quién soy Un marica callejero Un pobre de solemnidad Un poeta sin permiso Un artista sin galería Un chileno de los otros De los que no salen en la tele De los que no tienen cuenta bancaria De los que aman a escondidas De los que mueren sin seguro Yo sé mi nombre Y lo digo alto Aunque me cueste la vida Porque las cosas Por fin Tienen que llamarse Por su nombre.

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Pedro Lemebel

"Las dos Fridas"

Frida la del corsé de yeso Frida la de la ceja unida Frida la del dolor pintado En su vientre abierto de raíces Frida la comunista Frida la de Rivera Frida la que amó a Trotsky En su casa azul de Coyoacán Y la otra Frida La que no pintó cuadros La que no tuvo casa azul La que no conoció a Trotsky La que no se acostó con Chavela La Frida pobre La Frida obrera La Frida que limpió pisos En Santiago de Chile La Frida que nunca supo Que era Frida Hasta que un día Se miró al espejo Y vio la ceja unida Y el corsé de yeso Y el vientre abierto Y supo que el dolor También se hereda Como un país Como un apellido Como la lluvia Sobre el tejado.

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Héctor Viel Temperley

"Legión extranjera"

Yo soy la Legión Extranjera. Yo soy el que no tiene patria. Yo soy el que no tiene madre. Yo soy el que no tiene padre. Yo soy el que no tiene hijos. Yo soy el que no tiene mujer. Yo soy el que no tiene casa. Yo soy el que no tiene perro. Yo soy el que no tiene nada. Yo soy el que no tiene nombre. Yo soy el que no tiene rostro. Yo soy el que no tiene cuerpo. Yo soy el que no tiene alma. Yo soy el que no tiene Dios. Yo soy el que no tiene muerte. Yo soy el que no tiene vida. Yo soy el que no tiene sueño. Yo soy el que no tiene hambre. Yo soy el que no tiene sed. Yo soy el que no tiene frío. Yo soy el que no tiene calor. Yo soy el que no tiene miedo. Yo soy el que no tiene valor. Yo soy el que no tiene paz. Yo soy el que no tiene guerra. Yo soy el que no tiene tiempo. Yo soy el que no tiene espacio. Yo soy el que no tiene luz. Yo soy el que no tiene sombra. Yo soy el que no tiene voz. Yo soy el que no tiene silencio. Yo soy el que no tiene nada. Yo soy el que no tiene todo. Yo soy la Legión Extranjera.

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Martín Adán

"Lima la horrible"

Lima, ciudad de balcones mustios, de casonas que se caen a pedazos, de iglesias barrocas y santos empolvados, de calles estrechas y cielos plomizos. Lima, ciudad de recuerdos antiguos, de glorias pasadas y presentes mezquinos, de poetas borrachos y mendigos, de amaneceres grises y ocasos mustios. Lima, ciudad que ya no es la de antaño, que perdió su gracia y su donaire, que se volvió fea, triste y amarga, como un limón seco, como un dulce viejo. Lima, yo te quiero con odio y con pena, con la rabia del hijo que ve a su madre degradarse, envilecerse, perderse en la nada gris de los días sin sol.

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José Watanabe

"Línea de flotación"

El mar tiene una línea de flotación. Allí donde el agua se detiene y empieza el aire. Mi cuerpo también tiene una línea de flotación. Allí donde la piel se detiene y empieza el mundo. A veces, en la playa, me acuesto boca arriba y dejo que el agua me levante. Siento cómo mi línea de flotación se hace una con la del mar. Por un momento soy puro equilibrio: ni totalmente en el agua, ni totalmente en el aire. Luego vuelvo a la orilla, pero algo de ese equilibrio se queda conmigo. Algo de esa línea perfecta entre dos elementos que no se mezclan pero se tocan.

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Gioconda Belli

"Línea de fuego"

En la línea de fuego nos encontramos. Tú con tu fusil, yo con mis versos. En la línea de fuego nos miramos. Tus ojos dicen miedo, los míos dicen vértigo. En la línea de fuego nos tocamos. Tu mano áspera acaricia mi mejilla. En la línea de fuego nos amamos. El cuerpo como bandera izada contra la muerte. En la línea de fuego prometemos. Vivir cada instante como si fuera el último. En la línea de fuego soñamos. Un país sin fronteras en la piel del amante.

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Federico García Lorca

"Llanto por Ignacio Sánchez Mejías"

1. La cogida y la muerte A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones de bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde, cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde. Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde. Las heridas quemaban como soles a las cinco de la tarde, y el gentío rompía las ventanas a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. ¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde! 2. La sangre derramada ¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la grey de los recuerdos desbocándose en la plaza. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! 3. Cuerpo presente La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados. La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas. Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas elevando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre. Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros. Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó. ¿Qué pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro. Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías. ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llenarse de agujeros sin fondo. ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no hay más que piedra, cielo, piedra. 4. Alma ausente No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra, ni el raso negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre. El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque te has muerto para siempre. Porque te has muerto para siempre, como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados. No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. La madurez insigne de tu conocimiento. Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. La tristeza que tuvo tu valiente alegría. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por los olivos.

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Rubén Darío

"Lo fatal"

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!...

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Pedro Lemebel

"Loco afán"

En la disco ya no bailo Me quedo quieto en un rincón Mirando cómo giran Los cuerpos sudorosos Los labios pintados Las caderas que sueñan Con otro ritmo Con otra música Que no suena aquí En esta pista iluminada Por luces de mentira Yo busco tu rostro Entre tanta máscara Tu sonrisa de antes Cuando éramos jóvenes Y el SIDA era solo Una palabra extranjera Una mala noticia De un país lejano Ahora es la sombra Que sigue nuestros pasos El compañero de cuarto Que no paga la renta El que duerme entre nosotros Y nos despierta Con su aliento de estatua Loco afán de vivir Cuando la muerte Te presta sus zapatos Y te invita a bailar Este último tango Sin retorno.

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