Juan L. Ortiz
Biografía
Poemas de Juan
"Oda al río Paraná"
Río ancho y poderoso, padre de aguas, que vienes del norte con tu carga de sueños, trayendo en tu corriente historias lejanas y secretos de tierras que no conocemos. Tu cinta plateada bajo el sol del estío, tu furia en los temporales de invierno, tu calma en las mañanas de rocío, tu voz que habla a los hombres desde lo eterno. En tu vientre profundo viven memorias de pueblos que pasaron, de amores y dolores, llevas en tu viaje todas las historias de estos campos verdes, de estos interiores. Río que me enseñaste a mirar el tiempo, a escuchar el latido de la tierra madre, a encontrar en tu espejo, claro y sereno, la verdad que perdura más allá del aire. Sigue tu camino hacia el mar lejano, que yo aquí me quedo, en tu orilla fiel, oyendo tu canto, viejo y soberano, siendo por tu gracia un poco más de él.
"Los árboles"
Están ahí, quietos y sabios, con sus raíces en la tierra oscura y sus ramas buscando el cielo, puentes entre dos mundos. Guardan secretos en sus anillos, historias de soles y de lluvias, testigos silenciosos del tiempo que pasa y no los muda. En sus sombras se acunan los pájaros, en sus hojas juega la luz, en su madera duerme el fuego que calentará las noches. Los árboles me enseñan la paciencia, la firmeza ante el viento, el arte de crecer hacia lo alto sin olvidar de dónde venimos. Son poemas verdes escritos con paciencia centenaria, versos de clorofila y savia que cantan sin hacer ruido.
"La rama tiene pájaros"
La rama tiene pájaros que no se ven. Canta el silencio en el aire sereno. La tarde se derrama suave y dorada. La luz en las hojas es paz acunada. Todo está suspenso en este instante: el río, el cielo, el tiempo amante. Y en el corazón un vuelo leve de algo que viene y que no se fue.
"La lluvia lenta"
Llueve despacio sobre el campo, cada gota es un latido del cielo, un rumor que acaricia la tierra y despierta memorias antiguas. La lluvia teje un velo gris entre los árboles y el horizonte, borra los límites de las cosas y funde el paisaje en un sueño. Gotas sobre hojas, gotas sobre tejas, música constante y monótona que lava el polvo del camino y refresca el alma cansada. Llueve sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido a escuchar este diálogo eterno entre el cielo y la tierra que lo espera.
"El Gualeguay"
Río de mi infancia, río de los sueños, con tus aguas lentas y tu verde eterno, tú me traes recuerdos de un tiempo sereno, de un cielo sin mancha, de un mundo más bueno. En tus orillas verdes, bajo el sol ardiente, jugué siendo niño, libre y inocente, oyendo el murmullo de tu corriente, que me hablaba entonces dulce y claramente. Hoy vuelvo a buscarte, río de mi vida, con el alma herida y la fe perdida, y en tu paz antigua, en tu calma querida, quiero que me devuelvas la luz de la vida. Río de mi tierra, río de mi canto, no me seas extraño en este quebranto, vuelve a ser el espejo donde contemplo tanto el cielo profundo, el amor y el llanto.