"Ruinas"
Entre escombros y hierbas, donde anida el silencio, y el viento sus quejas lleva con triste acento, yergue sus muros una iglesia antigua, que el tiempo ha respetado. Sus arcos medio rotos, sus bóvedas hundidas, sus altares sin culto, sus naves desiertas, son como un monumento de siglos que pasaron. Allí donde el fervor de las plegarias subió en otro tiempo al cielo, donde el incienso aromó el ambiente y el órgano lanzó su majestuoso acento, sólo se oye el graznido de las aves y el susurro del viento. ¡Templo de Dios! tus piedras venerables son mudos testigos de la fe de los hombres, de su amor, de sus guerras, de sus vicios; y al contemplarte, el alma se entristece pensando en lo que ha sido y en lo que hoy somos.