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Rosario Castellanos

"Lamentación de Dido"

Yo, Dido, reina de Cartago, tejiendo mi destino con hilos de dolor, entrego mi ciudad a las llamas y mi corazón al olvido. Él se fue. Él, el extranjero, el de los pies ligeros y el alma fría. Él, que prometió y no cumplió. Él, que amó y se fue. Y yo aquí, con mi corona de cenizas, con mi trono de humo, con mi cetro de nada. Yo, la abandonada, la traicionada, la que supo amar hasta el fuego. Que el mar guarde su nombre en lo más profundo de su olvido. Que la tierra no dé fruto donde pise su sombra. Y que los dioses, si es que existen, le nieguen el descanso eterno como él me negó a mí la vida cuando partió sin volver la mirada.
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