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Rosario Castellanos

Feminismo identidad indígena crítica social soledad injusticia memoria histórica

Biografía

Rosario Castellanos fue una destacada escritora, poeta, ensayista y diplomática mexicana, considerada una de las voces literarias más importantes del siglo XX en Latinoamérica. Nacida en la Ciudad de México pero criada en Comitán, Chiapas, su obra está profundamente marcada por su experiencia en el sur de México, donde presenció la marginación de las comunidades indígenas y las mujeres. A través de su literatura, denunció las desigualdades sociales y de género, convirtiéndose en pionera del feminismo literario en México. Su estilo combina lirismo con aguda crítica social, explorando temas como la opresión, la identidad y la búsqueda de la voz propia. Además de su producción literaria, fue embajadora de México en Israel y profesora universitaria. Murió trágicamente en Tel Aviv a los 49 años, dejando un legado que continúa influyendo en generaciones posteriores.

Poemas de Rosario

"Poesía no eres tú"

Poesía, no eres tú. Eres la ausencia, la nada. El silencio que no dice nada. La palabra que no nombra. Poesía, no eres tú. Eres el hueco que deja el cuerpo al irse. La memoria que se desvanece. El sueño que no llega. Poesía, no eres tú. Eres la herida que no cicatriza. La pregunta sin respuesta. La luz que se apaga. Poesía, no eres tú. Eres la vida que se nos va entre los dedos. La muerte que nos acecha. El tiempo que no vuelve. Poesía, no eres tú. Eres el grito ahogado en la garganta. El llanto seco. La risa que no suena. El amor que duele.

"Lamentación de Dido"

Yo, Dido, reina de Cartago, tejiendo mi destino con hilos de dolor, entrego mi ciudad a las llamas y mi corazón al olvido. Él se fue. Él, el extranjero, el de los pies ligeros y el alma fría. Él, que prometió y no cumplió. Él, que amó y se fue. Y yo aquí, con mi corona de cenizas, con mi trono de humo, con mi cetro de nada. Yo, la abandonada, la traicionada, la que supo amar hasta el fuego. Que el mar guarde su nombre en lo más profundo de su olvido. Que la tierra no dé fruto donde pise su sombra. Y que los dioses, si es que existen, le nieguen el descanso eterno como él me negó a mí la vida cuando partió sin volver la mirada.

"Meditación en el umbral"

No es el amor quien muere, somos nosotros quienes pasamos. Como pasa la nube, como pasa el dolor, como todo pasa. No es el amor quien muere, somos nosotros quienes cambiamos. Como cambia la hoja, como cambia el viento, como todo cambia. No es el amor quien muere, somos nosotros quienes olvidamos. Como olvida la tierra, como olvida el mar, como todo olvida. Y sin embargo, algo queda: un nombre, un gesto, una mirada. Algo que no se borra, algo que no se va. Algo que duele todavía cuando todo ha pasado ya.

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