Pablo de Rokha
Biografía
Poemas de Pablo
"Canto del macho anciano"
Yo soy el macho anciano de las cordilleras rojas, el que canta en los bosques con voz de toro y piedra, el que bebe en los ríos la sangre de la tierra y escupe en el océano las cóleras inmensas. Mis ojos son dos grietas por donde mira el diablo, mi barba es una zarza de rayos y relámpagos, mis manos dos montañas que aplastan los establos donde rumian los bueyes su estúpida paciencia. He visto cómo caen los cóndores heridos, cómo se pudren soles en el pantano eterno, cómo los hombres mueren de miedo y de gobierno y cómo las mujeres parían monstruos fríos. ¡Ah, pero yo persisto! Persisto como el roble que clava en la montaña sus garras de granito, persisto con el viento que azota y maldito rompe los cementerios donde el silencio cobra. Yo soy el macho anciano, el que no tiene dueño, el que ríe en la noche con risa de volcán, el que siembra en los surcos su cólera de afán y cosecha en los trigos una espiga de sueño.
"Epitafio para mi madre"
Aquí yace mi madre. Era una pobre vieja que no supo de letras, que no tuvo más ciencia que el amor de sus hijos y el sudor de su frente. Era una pobre vieja que vivió en la montaña, que no conoció libros ni viajes ni ciudades, que sólo conoció el trabajo y el hambre. Era una pobre vieja que murió en la pobreza, que no dejó más herencia que el ejemplo de su vida y el dolor de su muerte. Aquí yace mi madre. Era una pobre vieja. Pero era mi madre. Y eso basta.
"Los gemidos (fragmento)"
Gemido de la tierra partida en dos pedazos, gemido del minero que cava su agonía, gemido de la madre que pare un hijo muerto, gemido del obrero que suda sangre y sueño. Gemido de los ríos que arrastran tempestades, gemido de los bosques quemados por el rayo, gemido de los mares que muerden los acantilados, gemido de los vientos que azotan los desiertos. Gemido de la fábrica que mastica hombres, gemido de la ciudad que devora almas, gemido de la guerra que siembra cadáveres, gemido de la paz que es un gemido eterno. ¡Y mi gemido, hermanos, mi gemido de poeta que clava en vuestra carne sus uñas de protesta y escribe con su sangre este canto maldito para que no olvidéis que estamos todos muertos si no gemimos juntos contra este mundo roto!