Octavio Paz
Biografía
Poemas de Octavio
"Nocturno de San Ildefonso"
Vuelvo a los viejos muros de mi escuela, a las piedras gastadas por los siglos, a los patios sombríos y las aulas silenciosas, vacías. Aquí aprendí las primeras letras, aquí creció mi cuerpo entre murmullos de agua en los patios, rumor de hojas, canto de pájaros en las mañanas. Todo está igual: las mismas ventanas que dan al mismo cielo, los mismos árboles, el mismo aire que entra por las rejas. Y sin embargo, todo ha cambiado. Yo no soy el que fui. Los años pasan, pasan los años y nos dejan huellas, sombras, recuerdos. Aquí estuve, aquí fui, aquí pensé por primera vez en el mundo, en la vida, en la muerte. Aquí tuve amigos, aquí amé, aquí sufrí. Todo ha pasado. Todo sigue aquí. Las piedras, los árboles, el silencio. Y yo, que vuelvo, soy un extraño.
"Piedra de sol"
un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre: un caminar tranquilo de estrella o primavera sin premura, agua que con los párpados cerrados mana toda la noche profecías, unánime presencia en oleaje, ola tras ola hasta cubrirlo todo, verde soberanía sin ocaso como el deslumbramiento de las alas cuando se abren en mitad del cielo, un caminar entre las espesuras de los días futuros y el aciago fulgor de la desdicha como un pájaro que petrifica el bosque con su canto y las felicidades inminentes entre las ramas que se desvanecen, horas de luz que pican ya los frutos, el minuto en la boca encendida, el sabor que disipa los fantasmas, la horizontal dicha en el equilibrio, el peso de la tierra soportado, la transparencia. (Se presenta un fragmento representativo del poema completo de 584 versos)
"La calle"
Es una calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también las pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está oscuro y sin salida, y doy vueltas y vueltas en esquinas que dan siempre a la calle donde nadie me espera ni me sigue, donde yo sigo a un hombre que tropieza y se levanta y dice al verme: nadie.