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Enrique Lihn

La ironía y el desencanto La crítica social y política La reflexión sobre la identidad y la existencia La ciudad y la vida urbana El lenguaje y la poesía como temas autorreflexivos

Biografía

Enrique Lihn fue un destacado poeta, ensayista, crítico literario y artista visual chileno, considerado una de las voces más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Miembro de la Generación del 50, su obra se caracteriza por un tono irónico, desencantado y crítico, que aborda temas como la identidad, la política, la ciudad y la reflexión sobre el propio acto de escribir. Además de su producción poética, Lihn incursionó en la narrativa, el teatro, el ensayo y las artes visuales, dejando un legado multifacético que influyó en generaciones posteriores. Su poesía, marcada por un lenguaje preciso y una aguda conciencia del oficio literario, explora los límites de la expresión y la condición humana en contextos sociales y políticos complejos, como la dictadura chilena. Falleció en Santiago a los 58 años, dejando una obra que continúa siendo estudiada y valorada por su profundidad y originalidad.

Poemas de Enrique

"La derrota"

La derrota no es un acto, es un hábito. La derrota no es un hecho, es un destino. La derrota no es una opción, es una condición. La derrota no es una excepción, es la regla. La derrota no duele, duele la esperanza. La derrota no mata, mata la ilusión. La derrota no humilla, humilla la dignidad. La derrota no destruye, destruye la fe. La derrota no tiene rostro, tiene máscaras. La derrota no tiene voz, tiene ecos. La derrota no tiene cuerpo, tiene sombras. La derrota no tiene fin, tiene principios. La derrota no es un enemigo, es un aliado. La derrota no es un castigo, es un premio. La derrota no es un fracaso, es un éxito. La derrota no es un final, es un comienzo. La derrota soy yo, la derrota eres tú. La derrota somos todos, la derrota es nadie. La derrota está aquí, la derrota está allá. La derrota es ahora, la derrota es siempre.

"Monólogo del padre"

Hijo, te hablo desde el otro lado de la vida. Te hablo desde la muerte, que es un país sin fronteras. Te hablo desde el silencio, que es la única palabra. Te hablo desde la nada, que es el único lugar. Hijo, no me busques en los sueños ni en los libros. No me busques en la memoria, que es un espejo roto. No me busques en la tierra, que es un lecho de huesos. No me busques en el cielo, que es una bóveda vacía. Hijo, yo soy el que fui y el que no pude ser. Yo soy el que te dio la vida y el que te la quitó. Yo soy el que te enseñó a hablar y el que te condenó al silencio. Yo soy el que te amó y el que te odió, sin saber por qué. Hijo, ahora que estás solo, ahora que estás vivo, recuerda que la muerte no es el fin, sino el principio. Recuerda que el silencio no es la paz, sino la guerra. Recuerda que la nada no es la ausencia, sino la presencia. Hijo, adiós, que es la única palabra que me queda. Adiós, que es la única verdad que conozco. Adiós, que es la única mentira que creo. Adiós, que es la única vida que tengo.

"Porque escribí"

Porque escribí, porque escribí, estoy vivo. Porque escribí, porque escribí, me muero. Porque escribí, porque escribí, me salvo. Porque escribí, porque escribí, me pierdo. Porque escribí, porque escribí, me encuentro. Porque escribí, porque escribí, me olvido. Porque escribí, porque escribí, me invento. Porque escribí, porque escribí, me destruyo. Porque escribí, porque escribí, me amo. Porque escribí, porque escribí, me odio. Porque escribí, porque escribí, me creo. Porque escribí, porque escribí, me niego. Porque escribí, porque escribí, me quedo. Porque escribí, porque escribí, me voy. Porque escribí, porque escribí, me callo. Porque escribí, porque escribí, me digo.

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