Abraham Valdelomar
Biografía
Poemas de Abraham
"El hermano ausente en la cena de Pascua"
La mesa está puesta, la familia reunida, brilla la luz suave de la lámpara amiga, y en el aire flota un rumor de oraciones, un vago perfume de manjares y vino. Falta un sitio, hermano, en la mesa pascual, falta tu presencia, tu voz, tu alegría, falta tu mirada de niño bueno y santo, tu risa argentina, tu bondad infinita. ¿Dónde estás, hermano, en esta noche santa? ¿Dónde estás, querido, en esta noche buena? ¿Por qué no respondes a nuestro amor que clama? ¿Por qué no nos miras con tu mirada buena? La mesa está triste, la familia callada, la luz de la lámpara parece apagarse, y en el aire flota un rumor de tristeza, un vago perfume de lágrimas y angustia. ¡Hermano, hermanito, ven a nuestra mesa! ¡Ven a nuestra cena, ven a nuestro lado! ¡Ven a compartir nuestro pan y nuestro vino, nuestro amor de siempre, nuestro amor sagrado!
"Confiteor"
Señor, yo te confieso que he amado mucho, que he amado con locura, con frenesí, con calma, que he amado como aman los pájaros del aire, como aman las olas, como ama la llama. He amado la hermosura en todas sus formas, la hermosura del cuerpo, la hermosura del alma, la hermosura del cielo, la hermosura del mar, la hermosura del verso, la hermosura del alba. He amado el ideal con fe de apóstol, he amado la verdad con ardor de sectario, he amado la justicia con furia de profeta, he amado la bondad con celo de santuario. Y ahora, Señor, vengo a tus pies postrado, con el alma cansada, con el corazón roto, a decirte que todo mi amor ha sido vano, que todo mi cariño ha sido solo un lodo. Señor, ten piedad de este pobre amante, de este soñador loco, de este poeta insano, que amó tanto la vida y que ahora la aborrece, que amó tanto la luz y que ahora ama en vano.
"Tristitia"
Yo nací en un valle, en una aldea humilde, entre montañas de granito y de nieve. Mi infancia fue dulce, serena y tranquila como un arroyuelo que entre peñas bebe. Yo amé los crepúsculos, las tardes de otoño, el canto del agua, la canción del viento, y en las noches claras, de luna y de estrellas, el triste y lejano rumor del silencio. Hoy vivo en la urbe, en la ciudad ruidosa, donde el hombre lucha, sufre, gime y canta, y añoro la aldea, la aldea lejana, la aldea que duerme al pie de la montaña. ¡Oh, aldea natal, yo te amo y te añoro! ¡Oh, aldea natal, yo te canto y te lloro! ¡Oh, aldea natal, yo te sueño y te imploro! ¡Oh, aldea natal, yo te vivo y te muero!