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Miguel de Unamuno

"Salmo I"

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué te alejas de mi salvación, de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí sosiego. Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste. A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron avergonzados.
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