José Hierro
Biografía
Poemas de José
"Estatuas yacentes"
Estatuas yacentes en los parques vacíos. Bajo la lluvia lenta que cae sin ruido. Estatuas que fueron hombres de carne y hueso. Ahora sólo piedra fría, sin tiempo. Los pájaros posan sobre sus cabezas. La hierba les crece entre las rendijas. Nadie les recuerda. Nadie sabe sus nombres. Sólo la lluvia lava su sueño de mármol. Estatuas yacentes que el tiempo ha vencido. Testigos mudos de lo que ha pasado. Mañana, quizás, alguien las descubra. Y les dé un nombre que el viento se lleve.
"Reportaje"
La ciudad se levanta. El sol en los tejados. La luz en las ventanas. La gente va y viene. Unos suben, otros bajan. Todos tienen prisa. El tranvía pasa. El autobús se para. La gente se agolpa. En los escaparates se miran las caras. Nadie se reconoce. El reloj da las horas. La vida es un reportaje que nadie lee completo. Sólo algunos fragmentos: un amor, una muerte, un sueño, una derrota. Y al final del día, cuando cae la noche, la ciudad se apaga. Y cada uno vuelve a su casa, a su sombra, a su soledad.
"Alegría"
Puedo escribir los versos más alegres esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos." El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más alegres esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más alegres esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.