Jaime Sabines
Biografía
Poemas de Jaime
"La luna"
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.
"Los amorosos"
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca, siempre, jamás. Pero los amorosos callan, sólo saben callar. ¡Ay!, si yo pudiera decir todo lo que callo, si pudiera gritar todo lo que silencio, si pudiera expresar todo lo que escondo. Pero los amorosos callan, sólo saben callar. Y se van. Y se quedan. Y lloran. Y no lloran. Y se mueren. Y no se mueren. Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable.
"No es que muera de amor"
No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, De urgencia mía de meterme en tus entrañas, De enloquecida pasión de ser tu sangre, De loco afán de ser como tú eres: agua, aire, tiempo, sombra. No es que muera de amor, muero de ti. Podría amar a otra, podría, pero tu imagen, tu recuerdo, tu nombre, me desgarran las venas, me desangran el alma. No es que muera de amor, muero de ti. Quisiera ser tu sombra cuando caminas, tu sombra cuando duermes, tu sombra cuando mueres. Y en la eternidad, tu sombra. No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ganas de ti, de sed de ti, de hambre de ti, de ti. Y no hay remedio. Me muero simplemente, me muero porque sí, me muero porque me muero. Pero no es que muera de amor, muero de ti.